Zaragoza, 17 de abril a las 18:30…
-
Sigo sin comprender por qué se ha ido Sara.-dice
Paula poco convencida de la explicación que le ha dado su amiga.
-
Ya te he dicho que yo no sé el motivo, solo la
vi llorar e irse sin despedirse.-contesta Pilar un poco cansada de tener que
dar esa misma explicación una y otra vez. No le apetece estar allí. Quiere irse
lejos; junto a él, sin nadie más, nadie que pueda molestarles. Pero es por
ahora no es posible.
-
Ya pero antes no me pareció ver triste a Sara.
Cuesta creer que una simple llamada la haya puesto así.
-
Eso no es asunto nuestro Paula, si quiere
contárnoslo ya nos informará, ahora lo importante es averiguar dónde puede
estar.-expone Pablo con el objetivo de que Paula deje de pensar así de Sara. No
le gusta que hablen mal de ella, aunque tampoco es que haya dicho alguna cosa
grave, pero le duele, sobretodo porque hoy iba a ser la tarde de ellos dos; no
la de Sara, Paula, Pilar, el chico nuevo del colegio al que acaba de conocer y suya.
Es obvio que las cosas a veces no salen como nosotros esperábamos…
-
Tienes razón. ¿Sabéis dónde puede estar?-dice
Paula un poco arrepentida por el comentario de antes.
-
No y me gustaría saberlo. Estoy muy preocupada
por ella.-contesta Pilar con un tono de verdadera preocupación. Cierto que
quiere estar con Nacho, pero eso no quita para que tema que algo le haya pasado
a su mejor amiga. Está segura que el causante de esa huida ha sido Lucas y por
eso quiere dejarlos a solas para que arreglen las cosas. Pero ya ha pasado
suficiente tiempo y quiere saber ya que le ocurre, así que deja de lado su
deseo de ir con nacho hasta el fin del mundo y propone algo;-chicos, podemos
dividirnos en grupos de dos y dar una vuelta por la manzana para encontrarla.
¿Qué os parece?
-
¡Es una buena idea!- grita Pablo. Se nota que
quiere encontrarla pronto.
-
Perfecto. Pues tú y Paula podéis ir por los
parques y nosotros dos por los establecimientos que más le gustan.
-
Vale. Si la vemos os mando un wash.
-
OK. Nosotros haremos lo mismo.
-
Luego nos vemos.
-
Adiós.
Pablo y Paula son los primeros en salir de
la heladería. Giran la calle y se dirigen velozmente hacia el parque más
cercano; un lugar con algún tobogán y un par de columpios, para que los niños
se lo pasen bien. No es muy grande pero sí que tiene algún rincón para que una
chica triste y con necesidad de estar sola se esconda.
Rastrean toda la zona sin éxito y desean
probar suerte en el otro parque. Tienen la sensación de que tampoco la van a
encontrar aquí, pero a veces el instinto puede fallar…
Zaragoza, 17 de abril a las 18:45…
Lleva varios minutos dando vueltas sin
saber dónde ir. No quiere volver a casa pero tampoco quiere quedarse ahí. No le
gusta estar en ese lugar y menos después de lo que ha estado a punto de pasar.
Está claro que cada vez que ellos dos están juntos, la pasión se apodera de
ellos hasta tal punto de dejarse llevar por los deseos más internos, sin
importar lo demás.
No sabe ni como sentirse; ha vuelto a
llorar una vez más, ha maldecido todo lo que se ha encontrado por su camino, ha
jurado en falso, se ha vuelto a ilusionar para luego volverse a desilusionar.
Ya no sabe si pegarle una bofetada por hacerle sentir de esa forma, o volverle
a besar y dejarse llevar como antes; pero esta vez sin interrupciones, sin
nadie más, sin tapujos, sus cuerpos enlazados cubiertos por la dulce brisa de
una tarde de primavera.
Se queda en silencio, tumbada sobre la
hierba al lado del banco. No quiere pensar más. Observa las nubes del cielo.
Cierra los ojos y deja que su mente se libere de la tensión acumulada, del
odio, del amor, del miedo.
Hace un rato que ha apagado el móvil. No le
apetece tener que dar explicaciones a nadie. Cuando se encuentra con ganas
llamará a sus amigos para decirles que se encuentra bien. Pero ahora no. No es
el momento. Necesita estar sola, con sus pensamientos.
Todavía no puede creer lo que ha estado a
punto de hacer. No era el lugar idóneo para perder la virginidad, pero en ese
momento no le importaba y eso le preocupa un poco. Tiene miedo de lo vulnerable
que se siente a su lado, de lo que puede ser capaz de hacer solo por estar
junto a él. Si hace unos minutos le hubiesen dicho que ha estado a punto de
hacerlo; no se lo hubiera creído. Jamás se había planteado llegar hasta el
final con Lucas, pero está visto que hay cosas que no deben plantearse para
realizarlas. Si no hubiera sido por Begoña, ahora mismo estarían aquí; los dos
abrazados junto al otro, sonriéndose sin vergüenza, mirándose el uno al otro
sin poder apartar la mirada, recordando ese momento una y otra vez… Pero no ha
sido posible, una vez más ha llegado justo a tiempo para evitar la mayor locura
de toda su vida. Esa chica parece tener un radar para impedirles avanzar más.
Vuelve a maldecir una vez más. Le ha
fastidiado demasiado la intromisión de Begoña. Sabe que lo ha hecho a posta,
que de alguna forma ha averiguado dónde estaba su novio y lo que estaban
haciendo y eso solo para interrumpirlos justo cuando iban a dar un paso más.
Hay algo en su mirada que le incita a pensar eso. No le parece una buena chica;
es muy obsesiva y muy controladora, por eso tiene miedo de lo que pueda decirle
a Lucas. No quiere perderle, pero tampoco llega a entender por qué sale con
alguien así. Sin embargo, lo de antes le ha servido para entender que hay
alguna razón oculta para que ellos dos sigan siendo una pareja. No sabría
exactamente cuál podría ser, pero había algo en sus ojos, en su mirada, en sus
gestos, en sus besos; que se lo indicaba.
No va a presionarle, pero no va a aceptar
ser el segundo plato de nadie. Sabe que le quiere y por mucho que diga que no
ocurrirá nada cuando está con él; siempre acaba sucediendo algo que le hace
enamorarse aún más de él.
Decide escuchar un poco de música, con que
coge el bolso y rebusca en él, con el objetivo de sacar su IPod. Abre la lista de música y escoge Come And Get It de Selena Gómez.
Se siente bastante identificada con la canción;
“No tienes por qué preocuparte, es una
invitación abierta. Me quedaré sentada aquí muy paciente. Todo el día, toda la
noche, estaré aquí a la espera. No puedo evitarlo pues me encanta, odio amarte
como te amo. Todo el día, toda la noche, tal vez sea adicta de por vida, no
miento.”
Ella se quedará sentada, esperando el
momento en el que se dé cuenta que solo puede ser feliz con ella. Odia amarle
de esa manera, odia que tenga tanta dependencia de él, odia esa vulnerabilidad
que posee, odia que las piernas le tiemblen cada vez que él está delante, odia
ser feliz solo cuándo él está a su lado; pero le quiere y eso no lo puede
evitar.
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